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sábado, 14 de noviembre de 2009

Un excelente especial

Merece la pena visitarlo. Un diseño muy atractivo y original, textos bien tratados y completos, imágenes históricas, vídeos interesantes,... Caída del bloque del Este

La URSS se rompe y los 'satélites' se dispersan

El proceso de democratización y el final de la dictadura del Partido Comunista provocó que mientras el gigante soviético se abría al mundo, se rompiera por dentro

LUISMI CÁMARA | Madrid

Reunión de los líderes de los países de las antiguas Repúblicas soviéticas en Moscú. / Reuters
Reunión de los líderes de los países de las antiguas Repúblicas soviéticas en Moscú. / Reuters

La Unión Soviética, creada tras la revolución de octubre de 1917, llegó a su fin después de un largo proceso que concluyó en 1991. 74 años en los que del triunfo bolchevique se llegó al final del comunismo y la desintegración de la URSS en quince repúblicas independientes -Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Estonia, Letonia, Lituania, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán- que han seguido trayectorias bien distintas desde entonces.

El principio del fin de la URSS comenzó en los primeros años de la década de los 80. La crisis económica ahogaba al Estado, lastrado por el estancamiento de sus instituciones en un modelo obsoleto y que apenas había intentado adaptarse a los cambios que se producían en el mundo. La calidad de vida bajó alarmantemente y los movimientos reformistas comenzaron a tomar impulso entre la anticuada estructura del Partido Comunista. Este nuevo aire de apertura se abrió paso tras la muerte de Brezhnev en 1982 y los cortos mandatos de Andropov y Chernenko. La elección el 11 de marzo de 1985 de Mijail Gorbachov como Secretario General del partido cambió la historia de la URSS y de todos los países que vivían bajo su manto.

La política del nuevo líder soviético se apoyaba en dos pilares: la reestructuración (Perestroika) económica y la apertura (glasnost) política y cultural. El proceso democrático fue avanzando en los siguientes años y la Guerra Fría con los países capitalistas, alentada durante décadas, fue girando hacia una relajación de las relaciones con los antes odiados Estados Unidos.

Acta de defunción

Pero mientras la URSS se abría al mundo, se rompía por dentro. Las reformas internas y la caída en cadena de los regímenes comunistas de los países 'satelites', en 1989, desperezó a los nacionalismos de una Unión de Repúblicas que ya no era tal y que se resquebrajaba por el Báltico. La llegada del populista Boris Yeltsin, enconado rival de Gorbachov, al poder en Rusia terminó por certificar el acta de defunción de la URSS, como reconoció años después Eduard Shevardnadze, último ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética y primer presidente de Georgia tras la independencia.

Pese a que en 1990 muchas de las repúblicas soviéticas ya habían declarado su independencia, fue en agosto de 1991, con el fracaso del golpe de Estado contra Gorbachov, con el que se intentó suspender los logros de la Perestroika y volver al régimen anterior, el que desencadenó definitivamente la disgregación de la URSS y el reconocimiento internacional de la soberanía de sus repúblicas.

El 8 de diciembre de 1991, Rusia, Ucrania, y Bielorrusia anunciaron la fundación de la CEI (Comunidad de Estados Independientes), que más tarde a otras repúblicas ex soviéticas. El día de Navidad de ese año, la Unión Soviética se disgregó oficialmente, la dimisión de Gorbachov colocó definitivamente a la Rusia de Yeltsin como su heredera natural como potencia mundial.

Especial Caída del Bloque del Este

Los países de la órbita soviética, en la actualidad

La rápida transición de la planificada política económica y social comunista a la más variable economía de mercado ha llevado a unos desequilibrios que aún están en proceso de resolución

LUISMI CÁMARA | Madrid

Pie de Foto
Rumanía ha sido uno de los países más castigados en la transición hacia una economía capitalista. En la imagen, una anciana tira de un carro lleno de papel y cartón por las calles de Bucarest. / Ap

La escapada hacia adelante de los países satélites de la URSS y de las propias repúblicas ex soviéticas no ha tenido vuelta atrás desde que en 1991 culminara el proceso de desmembración de la potencia que lideraba el Bloque del Este. La jerarquía mundial ha cambiado radicalmente y, si antes eran los norteamericanos y los soviéticos los que lideraban dos estilos bien diferenciados y dividían al mundo por la mitad, ahora han adquirido mayor peso económico otras superpotencias y se adivina el advenimiento de estados emergentes que apuntan al dominio mundial a medio-largo plazo.

El proceso evolutivo desde 1989 no ha sido fácil. Rusia ha visto cómo se le escapaba su privilegiado lugar de influencia en el mundo y cómo sus fieles aliados sometidos le daban rápidamente la espalda, acompañados de serios problemas internos económicos y de corrupción. Yugoslavia se fraccionó después de una dura y sangrienta guerra. Otros países, como Georgia, Azerbaiyán y Armenia, sufrieron con los conflictos armados de tipo nacionalista. Los menos, han vivido transiciones tranquilas con divisiones pacíficas, como Checoslovaquia.

Integración en la UE

La mayoría de los Estados que escaparon del monopolio comunista han visto en el capitalismo y en los países de la Europa occidental el ejemplo a seguir, y en la consolidada Unión Europea la balsa a la que agarrarse para no quedarse atrás y completar un proceso político y económico necesario para evitar la amenaza de una vuelta a tiempos pasados.

Al menos once de los países de la órbita soviética -una de ellas la RDA, que asumió la dinámica capitalista de la RFA en el momento de la 'fusión-absorción'- ya se han integrado en la Europa de los 27; muchos de los restantes – Albania, Croacia, Macedonia, Serbia,...- son reconocidos como candidatos oficiales a la UE. Además, el Pacto de Varsovia ha quedado en el olvido y la adhesión a la OTAN ha sido otro paso más para escapar de la influencia de Rusia, cada vez más aislada, y buscar la protección de la otrora enemiga organización.

Desequilibrios, emigración y crisis

Pero las consecuencias de la ruptura con el antiguo régimen no han sido todo lo positivas que se esperaban. La rápida transición de la planificada política económica y social comunista a la más variable economía de mercado llevó a unos desequilibrios, que aún se arrastran, en la repartición de la riqueza que potenció la creación de nuevos millonarios, el aumento de la pobreza extrema, el resurgimiento de mafias y la emigración hacia países europeos más estables.

Uno de los obstáculos para la admisión definitiva de los antiguos países del bloque como uno más en el área occidental son las democracias 'particulares', dirigidas por políticos con ramalazos autoritarios, que aún permanecen o que han vuelto aprovechando los tiempos de crisis, que radicaliza las ideas e idealiza épocas anteriores menos abiertas pero más seguras y predecibles. Veinte años después, el proceso sigue abierto.

Especial Caída del Bloque del Este