viernes, 8 de febrero de 2008
Postguntas (III)
Si uno se ducha con agua limpia, se enjabona, se vuelve a aclarar y se seca ya limpio con la toalla, ¿por qué se lava después la toalla si el agua con la que se ha mojado es limpia?
jueves, 7 de febrero de 2008
Postguntas (II)
Cuando un pez se come a otro pez, ¿qué hace con las espinas?
(No valen respuestas científicas, para ese tipo de respuestas entrar en el blog de National Geographic).
Pregunta perpetrada por Panchi
(No valen respuestas científicas, para ese tipo de respuestas entrar en el blog de National Geographic).
Pregunta perpetrada por Panchi
Postguntas (I)
Si tengo una botella de Coca Cola de cristal con un plástico dentro y la etiqueta de papel, ¿en qué contenedor de reciclado tendre que echarlo? ¿En el de vidrio? ¿En el de papel? ¿En el de plástico?
Pregunta perpetrada por Fer
Pregunta perpetrada por Fer
martes, 5 de febrero de 2008
El piloto religioso (y II)
Tras una minuciosa investigación, hemos resuelto el caso del piloto que hablaba con dios.
Hemos descubierto que los gritos de "¡Oh, dios mío! ¡Oh, dios mío!" no eran precisamente alabanzas al altísimo.
Tienen que ver más con la "actuación" de ciertas azafatas en la cabina de mando, en donde protagonizaron un striptease en pleno vuelo.
Vamos, que el piloto estaba loco,... ¡¡¡pero loco de contento!!!
Hemos descubierto que los gritos de "¡Oh, dios mío! ¡Oh, dios mío!" no eran precisamente alabanzas al altísimo.
Tienen que ver más con la "actuación" de ciertas azafatas en la cabina de mando, en donde protagonizaron un striptease en pleno vuelo.
Vamos, que el piloto estaba loco,... ¡¡¡pero loco de contento!!!
lunes, 4 de febrero de 2008
Los problemas de colgar un cuadro (y IV y fin)
¡¡¡Ya he colgado el cuadro!!!
Empiezo por el final porque la emoción me embarga. No podía dejar pasar las líneas y esperar a los últimos renglones para anunciar mi gran logro.
Tras varias semanas, varios pasos por la ferretería, mil y un problemas de novatos, consejos efectivos y no tanto, y algunos euros invertidos en tacos, escarpias y enganches, mi obra maestra ha concluido.
El viernes, tras un duro día de trabajo, llegué a casa y decidí que era el momento propicio para enfrentarme a la pared y plantarle cara al cuadro.
Elijo mi mejor material, los tacos del 6, las escarpias correspondientes, el metro, el lápiz bien afilado, un punzón y el taladro con la broca adecuada.
Marco con el lapicero el lugar exacto del ataque tras calcular geométricamente la altura correcta y la distancia equidistante a cada extremo de la pared.
Pego un sobre abierto bajo la marca para manchar lo menos posible, como me dijo Ze Pequeno.
Con el punzón, y sin que me tiemble la mano, hiero sin piedad al muro, y abro la vía del ataque definitivo.
Enchufo el taladro y aprieto el botón.
Brrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!
Encaro la pared como Gary Cooper en Solo ante el peligro. La pared o yo, sólo puede quedar uno (bueno, esto es de los Inmortales, pero me sirve para motivarme).
Vuelvo a apretar el botón, ahora durante un instante más largo.
Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!
Y ataco con velocidad y precisión, sin dar posibilidad de réplica.
Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!
Cruchhhhhh!!!
El ladrillo ha cedido. He ganado. Soplo el humo (mejor dicho, el polvo) de mi taladro y envaino mi arma.
Retiro el sobre con la sangre del perdedor. Ni una gota en el suelo.
Ahora queda lo fácil, meter el taco, ajustar la escarpia y colgar el cuadro.
Me confío, craso error.
Meto el taco. Entra fácil.
Me dispongo a enganchar la escarpia y... el taco gira.
Nooooooooooooo!!!
Parece que el taco no es del 6, es más del 5,8 porque queda demasiado flojo.
Pienso. Saco el taco, cojo otro (de algo tenía que servir haber comprado tropecientos tacos...), pruebo y... el mismo resultado. El taco gira.
Pienso de nuevo (ufffff!!! viernes tarde-noche, mis neuronas se resienten). Y, por fin, doy con la solución perfecta.
Cojo un taco, meto la escarpia en el taco, y después meto la composición en el agujero ayudado por un martillo.
He triunfado. Por fin.
Cojo el cuadro, ajusto para que el enganche coincida con la escarpia.
Primer intento, fallo. Segundo intento, fallo. Tercer intento, DENTRO.
Contemplo mi obra.
Estoy orgulloso. Perfecta.
Miro al suelo, y veo los tacos, las escarpias, el martillo, el taladro, el lápiz... Son los restos de la batalla.
Sonrío, ¡¡¡ya soy un manitas!!!
PD: Este fin de semana, animado por mi buen hacer del viernes, me he soltado el pelo y me he lanzado a poner lámparas. ¡En qué hora!
La próxima entrega: Las lámparas, la luz tras las tinieblas.
Empiezo por el final porque la emoción me embarga. No podía dejar pasar las líneas y esperar a los últimos renglones para anunciar mi gran logro.
Tras varias semanas, varios pasos por la ferretería, mil y un problemas de novatos, consejos efectivos y no tanto, y algunos euros invertidos en tacos, escarpias y enganches, mi obra maestra ha concluido.
El viernes, tras un duro día de trabajo, llegué a casa y decidí que era el momento propicio para enfrentarme a la pared y plantarle cara al cuadro.
Elijo mi mejor material, los tacos del 6, las escarpias correspondientes, el metro, el lápiz bien afilado, un punzón y el taladro con la broca adecuada.
Marco con el lapicero el lugar exacto del ataque tras calcular geométricamente la altura correcta y la distancia equidistante a cada extremo de la pared.
Pego un sobre abierto bajo la marca para manchar lo menos posible, como me dijo Ze Pequeno.
Con el punzón, y sin que me tiemble la mano, hiero sin piedad al muro, y abro la vía del ataque definitivo.
Enchufo el taladro y aprieto el botón.
Brrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!
Encaro la pared como Gary Cooper en Solo ante el peligro. La pared o yo, sólo puede quedar uno (bueno, esto es de los Inmortales, pero me sirve para motivarme).
Vuelvo a apretar el botón, ahora durante un instante más largo.
Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!
Y ataco con velocidad y precisión, sin dar posibilidad de réplica.
Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!
Cruchhhhhh!!!
El ladrillo ha cedido. He ganado. Soplo el humo (mejor dicho, el polvo) de mi taladro y envaino mi arma.
Retiro el sobre con la sangre del perdedor. Ni una gota en el suelo.
Ahora queda lo fácil, meter el taco, ajustar la escarpia y colgar el cuadro.
Me confío, craso error.
Meto el taco. Entra fácil.
Me dispongo a enganchar la escarpia y... el taco gira.
Nooooooooooooo!!!
Parece que el taco no es del 6, es más del 5,8 porque queda demasiado flojo.
Pienso. Saco el taco, cojo otro (de algo tenía que servir haber comprado tropecientos tacos...), pruebo y... el mismo resultado. El taco gira.
Pienso de nuevo (ufffff!!! viernes tarde-noche, mis neuronas se resienten). Y, por fin, doy con la solución perfecta.
Cojo un taco, meto la escarpia en el taco, y después meto la composición en el agujero ayudado por un martillo.
He triunfado. Por fin.
Cojo el cuadro, ajusto para que el enganche coincida con la escarpia.
Primer intento, fallo. Segundo intento, fallo. Tercer intento, DENTRO.
Contemplo mi obra.
Estoy orgulloso. Perfecta.
Miro al suelo, y veo los tacos, las escarpias, el martillo, el taladro, el lápiz... Son los restos de la batalla.
Sonrío, ¡¡¡ya soy un manitas!!!
PD: Este fin de semana, animado por mi buen hacer del viernes, me he soltado el pelo y me he lanzado a poner lámparas. ¡En qué hora!
La próxima entrega: Las lámparas, la luz tras las tinieblas.
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